Desde el Infierno
Vi la tierna tapa que diseñaron para Fhilihnos de mamâe (1) y salí
corriendo. No piensen mal, no me escapaba. ¿Adónde iba? A mi teléfono rojo. Sí,
porque Ricardo sin avisar, se fue al “otro lado”. Pero ni bien llegó, lo
primero que hizo fue llamarme para invitarme. Respondí: -no pará, todavía tengo unos años, para remar “in inferno terra”. Me
puteó un poco. -Mal amigo, me dejás en la
estacada. Me conmovió, pero no cambió mi decisión. Nos pusimos a pensar,
como seguir nuestras charlas de café. Dos “intelectuales” pensando son… No, la verdad es que no son ningún
peligro para nadie, excepto para su propio estar aburridos. Pero como además de
intelectuales somos, ¿éramos?, tipos de acción, decidimos no ser menos que
Nixon y Kruschev. ¿Un poco megalómanos y antiguos, no? Hace poco, nos aggiornamos y pasamos al celular rojo.
¿Suena un poco PC? ¿Siempre se vuelve al primer amor? A veces. Pero se lo
encuentra viejo y deshilachado. Mejor lo llamaré, celular rojo. Hmmm… celular,
célula… ¿Célula roja? Peor aún. Pero sea lo que sea, instalamos una señal
directa desde el Infierno. Sí,
porque ni bien llegó al Infierno, el
“colorado” lo copó. Claro, cuando San Pedro revisó su prontuario, mandó el
diablo al limbo –otro “viejazo”- y dejó a Ricardo, al frente de la tropa del Averno. Satanás pataleó un poco, pero
se la tuvo “que comer”. No había punto de comparación entre prontuarios, y a él
le correspondía la condena de estar en el limbo con los niños no bautizados.
Bueno ya me estoy yendo al c… ¿Metonimia senil…? Todavía
no tanto, todavía me “avivo” y vuelvo… ¿Por dónde andaba…? ¡Ah, sí, gracias por
recordármelo! Con el móvil rojo en la mano. Y… ¿Para qué…? Ah, para contarles mi conversación con
Ricardo. Paso a ella. Escucho del otro lado con cierta voz de mufa. -¡Gordo, que hacés despertándome tan
temprano! Es cierto que era sábado, pero como imaginarán, Sabbat
no se encontraba entre sus principales fechas de guardar. No porque
renegara de sus orígenes, jamás lo hizo, sino porque no le interesaban religiones en cuyos relatos no había mujeres.
Inmediatamente imaginé, está con una mina. Le contesté: -Pará loco, te estoy hablando con una buena noticia. En San Pablo Brasil, están a punto de editar
nuestro Pollerudos, con el
nombre de Fhilihnos de Mamâe. Poné
el fax, que te mando el facsímil de la tapa. A pesar que ya había
abandonado las cavernas, y no usaba cartas manuscritas y sobres engomados
mojados con la lengua para cerrarlos, todavía se resistía a los e- mail. No
lo podía creer el loco. – ¿En serio me lo
decís? Con lo bien que les está yendo a los brasileros… ¿No tienen miedo de embarrarse,
de que la gente se olvide de sua bossa nova…? Claro, me olvidé de contarles,
qué a pesar de su “facha y pedigré”, el ruso era un romántico que se conmovía
escuchando a Gal Costa, Chico Buarque, Vinicius, Toquinho, etc.
De fondo, era un romántico. Uno de sus mayores placeres era estar con una buena
donna (de carne me refiero) en alguna playa de Brasil. Le contesté: -“Milonguita”, tantos años de Averno te han hecho mal. ¿No te
llegaron las noticias de que “pra frenti Brasil”, se ha transformado en una de
las 5 potencias mundiales? El ruso, que por sus antecedentes trotskistas
tenía un pensamiento político cercano al del Lula de los 60, no me podía creer.
– ¿En serio lo decís? ¿Y cómo fue? Cuando
le conté, noté que la voz se le entrecortaba de emoción. No podía creer. El
estalinismo hecho mierda, americanos y europeos barranca abajo, y Brasil “pra frenti”. Casi le da otro infarto y
se nos muere otra vez. Me contestó: - ¿Y
vamos a tener el orgullo qué ellos nos traduzcan y publiquen? Porque aunque
les cueste creerlo, Ricardo siempre fue un tipo muy modesto. –Sí loco, cortála, cuantas veces más te lo
voy a tener qué decir.
Escuché un suspiro profundo del otro lado del “tubo” y
después de un rato, me dijo. -Hacéme el
favor, vos que podés hablar con ellos, decíle que estoy profundamente
agradecido. Qué para mí es un honor muy grande, que gente de una Cultura tan
importante como la brasilera, difunda nuestro libro.
Sí,
le dije, y más después del exabrupto del francés que vos y yo conocemos y que chapea
con un velerito de un amigo con el que
terminó peleado, justamente por pollerudo. Justo él, cuando le dije de
traducirlo al francés, me dijo que no tenía como traducir (voz de engolado y
serio) el significante pollerudo. Le dije que no podía ser, que en el argot
seguramente había alguna palabra. Me aseguró que no, y que no la había, porque
en Francia no había pollerudos. Tuve que contener la risa, porque como le conocía
el pedigrí, sabía de su “genealogía” pollerudesca.
En ese instante, Sidnei me llamó por el teléfono de línea para encargarme
las orelhas. No le dije que acaba de colgar con Richard, como le decía
amorosamente una de sus amores. No quise impresionarlo. Si bien en Brasil
tienen la suerte que haya más presencia de religiones sincréticas que en Buenos
Aires, supuse que podría extrañarle, enterarse de nuestras comunicaciones
paranormales. Y cómo aún me resisto a que me internen, preferí callar.
Calladito, calladito, me puse a escribirlas. En mis fantasías, cómo cuando nos
encontrábamos en el café de Medrano y Corrientes –ahora un banco, signo de
tiempos sin poesía-, una boludez, trajo la otra.
Entonces reiniciamos, la comunicación extrasensorial.
–Ché, sigamos,
Sidnei ya se fue.
-¿Y cómo lo viste,
se conserva joven?
-No lo vi huevón,
te dije que me habló por teléfono.
-Más respeto o le
digo a algunos de mis muchachos que agarren el tridente, te vayan a buscar, y te traigan por más que
patalees.
-No, pará, ya te
dije la otra vez que todavía no. Qué me quedan cosas pendientes…
-Mirálo
al señorito, cosas pendientes…, y las qué me quedaban a mí. No pude ni
despedirme de ellas… Justamente vos, sos el que mejor sabe a las que dejé
plantadas. Además, de a unos cuantos pacientes. A vos te consta, porque algunos
de ellos, te fueron a buscar a vos. Gordo turro, mirá qué sabés usar las
metonimias…
-Ay,
mírenlo. En el infierno, se me puso culto el lacanioso.
-Bueno,
que querés, sino me aburro. Acá también “chapear” de culto, es un buen curro
pa’ seducir psicólogas…
-Ah…,
no levantás más minas. ¿Ahora sólo te dedicás a las psicólogas?
-No
te hagas el gil, sabés que siempre fueron mis preferidas… Hablan menos y
escuchan más…
-¡Mirá
vos! Primera vez que me entero, que las mujeres te interesan para conversar.
-Bueno,
no solamente, pero…
-¿Pero?
-Sino,
te embolás. Y ni qué decir, las que te empiezan a chismosear de cuñadas y
amigas… No me las banco…
-Ricardo…
¿Alguna vez te bancaste una mina más de cinco años?
-Vos
sabés que sí. Y la conocés bien. Sabés lo feliz que la hice y que me hizo. Nos
íbamos a casar…
-Me
consta. Pero en todo ese tiempo, no largaste a la otra.
-Pobrecita…
Bien sabés que necesitaba alguien que la cuide…
-Loco
¿Te acordás que escribiste un capítulo que titulaste El Cuida?
-Sí,
y qué. ¿Vos no escribiste uno que llamaste El
señor Buendía? Mirá que te conozco hace mucho y me acuerdo de esas épocas
tuyas, siempre con traje y corbata…
-Bueno,
bueno, paremos de tirarnos fruta podrida y volvamos a lo nuestro. ¿Por dónde
andábamos…?
-Te
jodí, cómo me quedé en los 59 me acuerdo, pero no te lo voy a decir. ¡Jovato!
Mirá qué cumplir 73 pirulos, sos un exagerado, parecés brasilero.
-¡Chist…!
Te dije, que te estoy grabando para publicar en Brasil…
-¿Y?
Además que les gusta exagerar como a tus ancestros andaluces, les gusta reírse.
Y reírse, reírse, se ríe el que se ríe de sí mismo. Al fin y al cabo, con Pollerudos, ¿no nos reímos de nosotros
mismos?
Match point. No sé si saben estimados lectores, que a
Ricardo le encantaba jugar al tenis. Es más, se murió, a la vuelta de un
partido mientras se bañaba. Reconocí mi derrota, le mandé un abrazo
extrasensorial, y largué la notebook. Consideré, que ya era suficiente.
(1) Edición por la editorial brasilera Agalma en portugués, de Pollerudos -Destinos de la Sexualidad Masculina- Autores: Ricardo Estacolchic y Sergio Rodríguez
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