miércoles, 15 de abril de 2015

Primeras Repercuciones en el Infierno

Desde el Infierno
 
Vi la tierna tapa que diseñaron para Fhilihnos de mamâe (1) y salí corriendo. No piensen mal, no me escapaba. ¿Adónde iba? A mi teléfono rojo. Sí, porque Ricardo sin avisar, se fue al “otro lado”. Pero ni bien llegó, lo primero que hizo fue llamarme para invitarme. Respondí: -no pará, todavía tengo unos años, para remar “in inferno terra”. Me puteó un poco. -Mal amigo, me dejás en la estacada. Me conmovió, pero no cambió mi decisión. Nos pusimos a pensar, como seguir nuestras charlas de café. Dos “intelectuales” pensando  son… No, la verdad es que no son ningún peligro para nadie, excepto para su propio estar aburridos. Pero como además de intelectuales somos, ¿éramos?, tipos de acción, decidimos no ser menos que Nixon y Kruschev. ¿Un poco megalómanos y  antiguos, no? Hace poco, nos aggiornamos y pasamos al celular rojo. ¿Suena un poco PC? ¿Siempre se vuelve al primer amor? A veces. Pero se lo encuentra viejo y deshilachado. Mejor lo llamaré, celular rojo. Hmmm… celular, célula… ¿Célula roja? Peor aún. Pero sea lo que sea, instalamos una señal directa desde el Infierno. Sí, porque ni bien llegó al Infierno, el “colorado” lo copó. Claro, cuando San Pedro revisó su prontuario, mandó el diablo al limbo –otro “viejazo”- y dejó a Ricardo, al frente de la tropa del Averno. Satanás pataleó un poco, pero se la tuvo “que comer”. No había punto de comparación entre prontuarios, y a él le correspondía la condena de estar en el limbo con los niños no bautizados.
Bueno ya me estoy yendo al c… ¿Metonimia senil…? Todavía no tanto, todavía me “avivo” y vuelvo… ¿Por dónde andaba…? ¡Ah, sí, gracias por recordármelo! Con el móvil rojo en la mano. Y… ¿Para qué…?  Ah, para contarles mi conversación con Ricardo. Paso a ella. Escucho del otro lado con cierta voz de mufa. -¡Gordo, que hacés despertándome tan temprano! Es cierto que era sábado, pero como imaginarán, Sabbat no se encontraba entre sus principales fechas de guardar. No porque renegara de sus orígenes, jamás lo hizo, sino porque no le interesaban religiones en cuyos relatos no había mujeres.
Inmediatamente imaginé, está con una mina. Le contesté: -Pará loco, te estoy hablando con una buena noticia. En  San Pablo Brasil, están a punto de editar nuestro Pollerudos, con el nombre de Fhilihnos de Mamâe. Poné el fax, que te mando el facsímil de la tapa. A pesar que ya había abandonado las cavernas, y no usaba cartas manuscritas y sobres engomados mojados con la lengua para cerrarlos, todavía se resistía a los e- mail. No lo podía creer el loco. – ¿En serio me lo decís? Con lo bien que les está yendo a los brasileros… ¿No tienen miedo de embarrarse, de que la gente se olvide de sua bossa nova…? Claro, me olvidé de contarles, qué a pesar de su “facha y pedigré”, el ruso era un romántico que se conmovía escuchando a Gal Costa, Chico Buarque, Vinicius, Toquinho, etc. De fondo, era un romántico. Uno de sus mayores placeres era estar con una buena donna (de carne me refiero) en alguna playa de Brasil. Le contesté: -“Milonguita”, tantos años de Averno te han hecho mal. ¿No te llegaron las noticias de que “pra frenti Brasil”, se ha transformado en una de las 5 potencias mundiales? El ruso, que por sus antecedentes trotskistas tenía un pensamiento político cercano al del Lula de los 60, no me podía creer. – ¿En serio lo decís? ¿Y cómo fue? Cuando le conté, noté que la voz se le entrecortaba de emoción. No podía creer. El estalinismo hecho mierda, americanos y europeos barranca abajo, y Brasil “pra frenti”. Casi le da otro infarto y se nos muere otra vez. Me contestó: - ¿Y vamos a tener el orgullo qué ellos nos traduzcan y publiquen? Porque aunque les cueste creerlo, Ricardo siempre fue un tipo muy modesto. –Sí loco, cortála, cuantas veces más te lo voy a tener qué decir.
Escuché un suspiro profundo del otro lado del “tubo” y después de un rato, me dijo. -Hacéme el favor, vos que podés hablar con ellos, decíle que estoy profundamente agradecido. Qué para mí es un honor muy grande, que gente de una Cultura tan importante como la brasilera, difunda nuestro libro.
Sí, le dije, y más después del exabrupto del francés que vos y yo conocemos y que chapea con un  velerito de un amigo con el que terminó peleado, justamente por pollerudo. Justo él, cuando le dije de traducirlo al francés, me dijo que no tenía como traducir (voz de engolado y serio) el significante pollerudo. Le dije que no podía ser, que en el argot seguramente había alguna palabra. Me aseguró que no, y que no la había, porque en Francia no había pollerudos. Tuve que contener la risa, porque como le conocía el pedigrí, sabía de su “genealogía” pollerudesca.
En ese instante, Sidnei  me llamó por el teléfono de línea para encargarme las orelhas. No le dije que acaba de colgar con Richard, como le decía amorosamente una de sus amores. No quise impresionarlo. Si bien en Brasil tienen la suerte que haya más presencia de religiones sincréticas que en Buenos Aires, supuse que podría extrañarle, enterarse de nuestras comunicaciones paranormales. Y cómo aún me resisto a que me internen, preferí callar. Calladito, calladito, me puse a escribirlas. En mis fantasías, cómo cuando nos encontrábamos en el café de Medrano y Corrientes –ahora un banco, signo de tiempos sin poesía-, una boludez, trajo la otra.
Entonces reiniciamos, la comunicación extrasensorial.
–Ché, sigamos, Sidnei ya se fue.
-¿Y cómo lo viste, se conserva joven?
-No lo vi huevón, te dije que me habló por teléfono.
-Más respeto o le digo a algunos de mis muchachos que agarren el tridente,  te vayan a buscar, y te traigan por más que patalees.
-No, pará, ya te dije la otra vez que todavía no. Qué me quedan cosas pendientes…
-Mirálo al señorito, cosas pendientes…, y las qué me quedaban a mí. No pude ni despedirme de ellas… Justamente vos, sos el que mejor sabe a las que dejé plantadas. Además, de a unos cuantos pacientes. A vos te consta, porque algunos de ellos, te fueron a buscar a vos. Gordo turro, mirá qué sabés usar las metonimias…
-Ay, mírenlo. En el infierno, se me puso culto el lacanioso.
-Bueno, que querés, sino me aburro. Acá también “chapear” de culto, es un buen curro pa’ seducir psicólogas…
-Ah…, no levantás más minas. ¿Ahora sólo te dedicás a las psicólogas?
-No te hagas el gil, sabés que siempre fueron mis preferidas… Hablan menos y escuchan más…
-¡Mirá vos! Primera vez que me entero, que las mujeres te interesan para conversar.
-Bueno, no solamente, pero…
-¿Pero?
-Sino, te embolás. Y ni qué decir, las que te empiezan a chismosear de cuñadas y amigas… No me las banco…
-Ricardo… ¿Alguna vez te bancaste una mina más de cinco años?
-Vos sabés que sí. Y la conocés bien. Sabés lo feliz que la hice y que me hizo. Nos íbamos a casar…
-Me consta. Pero en todo ese tiempo, no largaste a la otra.
-Pobrecita… Bien sabés que necesitaba alguien que la cuide…
-Loco ¿Te acordás que escribiste un capítulo que titulaste El Cuida?
-Sí, y qué. ¿Vos no escribiste uno que llamaste El señor Buendía? Mirá que te conozco hace mucho y me acuerdo de esas épocas tuyas, siempre con traje y corbata…
-Bueno, bueno, paremos de tirarnos fruta podrida y volvamos a lo nuestro. ¿Por dónde andábamos…?
-Te jodí, cómo me quedé en los 59 me acuerdo, pero no te lo voy a decir. ¡Jovato! Mirá qué cumplir 73 pirulos, sos un exagerado, parecés brasilero.
-¡Chist…! Te dije, que te estoy grabando para publicar en Brasil…
-¿Y? Además que les gusta exagerar como a tus ancestros andaluces, les gusta reírse. Y reírse, reírse, se ríe el que se ríe de sí mismo. Al fin y al cabo, con Pollerudos, ¿no nos reímos de nosotros mismos?
Match point. No sé si saben estimados lectores, que a Ricardo le encantaba jugar al tenis. Es más, se murió, a la vuelta de un partido mientras se bañaba. Reconocí mi derrota, le mandé un abrazo extrasensorial, y largué la notebook. Consideré, que ya era suficiente.
   
(1) Edición por la editorial brasilera  Agalma en portugués, de Pollerudos -Destinos de la Sexualidad Masculina- Autores: Ricardo Estacolchic y Sergio Rodríguez


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