miércoles, 15 de abril de 2015

Mejor puta, que limpia baños de señoras

¡Mejor Puta, qué limpia baños de señoras!

Sergio Rodríguez

Cómo la conocí
Era una jovencita de 14 años bellísima. Habitaba, una de las villas grandes  del conurbano. Era, una de esas chicas que cuando pasan, no se puede no mirar. Parecía, tener 19 o 20. La llamaré Fermina.
En la casa y en la villa todos hablaban mal de ella. Pero no podían dejar de hablar de ella. La acusaban, de ser muy peleadora. Por ejemplo, que habían pasado unas chicas por la vereda de enfrente y le habían gritado algo que nadie repetía. Muy probablemente: puta. No se incorporaba a grupos. Su estilo era pasar y desaparecer. Era su forma de hacerse ver. Soberbiamente altiva, desde su reciente y enojada belleza puberal-adolescente.
Vivía en una casa donde la mayor parte de las aberturas no tienen marco, ni que decir puertas. Algunas tienen cortina, otras, ni eso. La única puerta era la del baño y la de calle, el resto, agujeros. Paredes descascaradas. Manchas a la vista, de implementos que alguna vez había habido. Pegados, posters de River. Algún santo, algunas vírgenes. Un detalle, había una sola foto, la de esta chica. Una hermosa foto, pero desteñida. Tiempo después la madre decía amargamente, sin que sorprendiera a los otros hermanos, que había sido la única de los 4 que había querido tener. Decía también que a los 6 años, o sea 1 año antes que empezara a  cartonear, como Fermina le reclamaba que quería conocer al padre, ella le había dicho quien era. El padre vivía a una cuadra de la casa, y Fermina se había presentado ante él, buscando que la reconociera como hija, sin apelar a legalidades. Él le había dicho que no tenía interés en ser padre de ella y que además tampoco estaba seguro si lo era o no. El rechazo del padre, le había producido a la piba una herida terrible. Desde ahí, se había hecho tan cocorita  y peleadora. En la familia, todos se dedicaban a acusarla. Todos, todos. La madre, los hermanos, hermanas, cuñados. Que no era colaboradora, que no cocinaba nunca, que no lavaba, que era egoísta, que les robaba algún peso para tarjetas de celular, que se había ido de la primaria sin terminarla. Los hermanos decían que era la protegida de la madre. Ésta decía que el problema residía, en que andaba en malas compañías. Otra de las acusaciones era que se quedaba a dormir en la casa del novio. Pero no era una acusación moral, les molestaba que se quedara a dormir ahí, para eludir las tareas de la casa. Faltaba a los códigos de la villa. El novio de Fermina, era estudiante en una UTN. Provenía de una familia de capas medias pobres, cercana a la villa.

Su “confesión”, el incesto y después...
Un día me pidió venir al confesionario. Le decían “El confesionario” al auto del Pastor, donde yo los atendía de a uno. Vino después de un día que la habían “gastado”[1] mucho, y tanto el Pastor como yo, intervinimos para parar la cuestión. Fermina participó de esa reunión, que era muy grande. Estaba muy acongojada porque el novio la había dejado. Había llegado la hora de la venganza para los hermanos y hermanas que ahora tenían con que burlarse y hostigarla. La categoría de “malos y buenos” no sirve, en el intento de  entender que sucede en las villas. Tampoco lo de justo o injusto. Se evidenciaba que en la familia todos la envidiaban, ya que se mantenía rebelde, linda y tenía un montón de muchachos cortejándola. Incluido el hermano mayor, evidentemente el preferido de la madre, que a ojos vistas arrastraba deseos eróticos hacia la reciente ex-niña.
Esa familia estaba fundada en una historia de incesto. La madre no tiene claro si la hija mayor fue fruto de un incesto con el padre, o con el hermano. Ya que en el campo donde vivía, ambos abusaban sexualmente de ella. Para hablar de esa hija dice: “me la traje de…” y nombraba la provincia de donde vino. Nunca nombraba al progenitor. El hermano mayor, a sabiendas de Fermina, le mete los cuernos a Bruma su compañera embarazada. Con la cual seguía en pareja, por el hijo que viene y no porque esté enamorado. Él también fue al confesionario algunas veces, y explicando porque no abortar, decía: “porque soy el padre y me voy a hacer cargo de mi hijo”. No haría como el padre de él y de otro hermano, que nunca se había hecho cargo de ellos.

Después...
Fermina en el confesionario, en medio de llantos me cuenta que la vuelven loca los hermanos con sus acusaciones y burlas. Casi no toca el tema del novio. Cuando lo hace, cuenta que ella le buscaba pelea todo el tiempo, tal como hace con los hermanos y el resto de la gente del barrio. Se reconoce peleadora, cuando habla de la ruptura con el novio. Del resto, se considera inocente. Se hace evidente y se lo digo que tras la parada de castigar, permanentemente, se hace castigar. Le recuerdo las quejas de la familia sobre su falta de solidaridad familiar y me dice que no es cierto, que ella trabaja de niñera por 150$[2] por mes por cuidar 9hs diarias a los hijos de una vecina, que sale a trabajar de mucama.
En ese punto vino la sorpresa. Me dice que esta cansada, que la familia la acusa de que sale a putear. Así le decía, a trabajar de prostituta. Defendiendo su decisión, me dice: -“¡prefiero putear que ir a limpiar los baños de las señoras”. Entonces me acordé, del dicho del hermano mayor en una discusión del grupo, en un momento en que el Pastor les decía que ellos trabajaban, que los otros salían a robar, etc. Entonces el muchacho dijo: -sí, ¿sabes como nos dicen en la villa a nosotros? -Los giles que laburan[3]. Irá advirtiendo el lector, la relación entre las que van a limpiar baños, los giles que laburan por un  lado y por otro, los delincuentes y las prostitutas. Ahí caí en cuenta que para Fermina “putear”, era su honor.
En ella no es, no sería, un oficio como en las prostitutas que trabajan en la calle o en prostíbulos. Tampoco, básicamente una cuestión de dinero. Le gusta el dinero, pero se trata otra cosa. Se trata de que prefiere ser puta, que ir a lavar los baños de las señoras. Para ella, todos eran giles[4], ella no, ya que se animaba a ser puta en vez de limpiar baños.
Le señalé que entre mucama y puta, había otras alternativas. Mesera, empleada en una tienda, supermercado, etc. Me replicó que no la tomaban por menor de edad, cosa cierta. Ahí terminé la única sesión individual, nos despedimos afectuosamente. Y siguió manteniendo conmigo, un vínculo amable. Pasaba a mi lado y no me miraba con desprecio, me saludaba amable y respetuosamente. Pero no volvió nunca al confesionario, a pesar de algunas sugerencias mías y de la madre, para que lo haga. Luego pidió entrevista con una colega mujer. Supondría que de mujer a mujer, sería mejor entendida y podría relatar, sin vergüenzas, sus relatos de  puta…

Esto no es así en todas las prostitutas, Una, sobre la que estos pibes contaron había parido una criatura, estando totalmente adicta al paco. Andaba por las casillas ofreciendo en venta al bebé por 5$. Lo ofrecía para comprarse paco. Para esa chica la prostitución no tiene el mismo valor que para Fermina. Ella es un desecho, y el bebé,  otro. Nada tiene valor. Otro prostituta sufría, no por su profesión sino porque le iba mal con la familia. Se había enamorado perdidamente de ella, un Rey de una Tribu africana, una persona con mucha plata de algún país petrolero. Este hombre se quería casar con ella a toda costa, ella no. Quería seguir prostituyéndose con él, pero no casarse. Su papá se enojaba. ¿Por qué no se casaba con ese hombre, ya que la consideraba la oportunidad de su vida (la de él, el padre). Me dijo: -“¿se da cuenta? a mi padre  lo único que le interesa es la plata”. Le dije, demasiado prematuramente: -“¿a vos te interesa alguna otra cosa?” Creo que eso lo ofendió muchísimo. Mi error fue creerme que ella trabajaba sólo por dinero. Ella,  haciéndose pagar por cadenas de hombres que la deseaban para gozar con ella, también se restituía en su amor propio. Pero no caía en cuenta, de las nuevas cadenas que la encadenaban.
                                                         






[1] Argentinismo significando que había sido muy ironizada peyorativamente, Suele usarse también “gozado”.
[2] No recuerdo bien, pero estábamos aún en la convertibilidad 1 $ = 1 u$s
[3] Argentinismo proveniente de una deformación del italiano laborar, trabajar
[4] Argentinismo equivalente a: ser tomado por tanto y usado. 

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